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CUENTO: “Las increíbles Navidades de Tom”
Diciembre de 1995, Londres.
Estas Navidades eran tremendamente especiales para Tom, ya que su abuelo, su único abuelo, vendría a verlo después de años de ausencia. Él estaba feliz a la par que nervioso. Como todos los años, los preparativos estaban casi listos, Margaret, la mamá de Tom, rellenaba el pavo y Richard, su papá, colgaba las luces en el jardín. Tom proviene de una familia adinerada. Su padre era un prestigioso empresario de la ciudad y su madre se encargaba de él y de algunas cosas de la casa a pesar de que tenía niñera y un ejército de sirvientas custodiando su enorme y lujosa casa. La casa es grande. Por fuera está vallada y tiene una enorme verja negra con detalles dorados. Cuando esa verja se abre deja ver un gran jardín nevado delante del porche que resguarda la entrada de la casa, está adornado con luces de colores, que está poniendo Richard. A la derecha hay una fuente congelada por el frío y junto a ésta un deformado muñeco de nieve, que Tom a hecho para sorprender a su abuelo. Majestuosa casa de madera en color blanco y solemnes ventanales. El porche es acogedor, a Tom le gustaba sentarse allí junto a su padre liados en una manta, tomento chocolate caliente con nubes. Cuando se abre la puerta principal sorprende las enormes escaleras que dan a las habitaciones y a la buhardilla, están entrelazadas con flores típicas y lazos. A la derecha se encuentra el salón, con olor a pipa del padre de Tom, con una gran chimenea donde reposan muchas fotos familiares y calcetines de navidad colgados; junto a ésta hay un gran árbol de Navidad con bolas grandes en color oro y algunas rojas. Todo estará decorado puesto que es Navidad. Una gran alfombra cubre todo el suelo. A la izquierda se observa un gran comedor preparado para una cena importante, con una gran mesa cuidada hasta el mínimo detalle; y una cocina enorme, con grandes fogones y muchas cazuelas colgadas encima de la encimara situada en el centro, oscura, fría y sombría, donde Margaret prepara el pavo junto a las cocineras. La habitación de Tom tiene muchos juguetes, algunos por el suelo, con una gran ventana que alumbra por las noches la luna, en una de las mesitas de noche habrá un cuadro con una fotografía de su abuela, a al que echaba de menos y hablaba con ella dirigiéndose a esa gran luz de plata.
Normalmente en Londres suele nevar mucho por esta fecha y la tradición dicta que es una buena señal porque a Santa Claus le agrada mucho y así les trae más regalos a los niños. Se rumoreaba que Santas tenía una sobrina que se llamaba Santa Juguetina, que era una pequeña elfo que destellaba en la oscuridad, con sus pequeñas alas de luz. Era una pequeña elfo que destellaba en la oscuridad, con sus pequeñas alas de luz. No llegaba a los 33 cm. de altura, pero aún así era muy guapa, rubia con ojos claros, pálida y con unas pequeñas orejas picudas y cuando se enfadaba era muy latosa. Siempre va vestida de verde, con un vestidito de un corte deforme y un cinturón negro y dorado, sus botas también son verdes y picudas.
Cuando volaba parecía una mosca del ruido que hacía pero con sus alas se distinguía a leguas. La abuelita de Tom le habló de esto cuando era más pequeño, pero él aún lo recuerda de tan bonitas historias como eran. Dicen que los niños que a esta chiquitaja le piden un deseo, se los concede a cambio de un pequeño sacrificio que puede ser bueno para él en un futuro y que algo le puede aportar. Le gusta las buenas causas.
Tom, un niño de ocho años, regordete, bajito, pelirrojo y de ojos marrones, tenía muchas pecas en la cara, que había heredado de su padre. Sus cachetes se ponían rojos con el viento frío de invierno. Continuamente estaba comiendo piruletas. Tenía muy mal carácter cuando no le entregaban algo que él quería. Era un consentido. Nunca se conformaba. En el colegio sacaba buenas notas pero constantemente estaba peleandose con otros niños y los profesores le castigaban, por eso a penas tenía amigos, siempre estaba solo con sus juguetes. Las niñas le avergonzaban. A él le gustaba que le llamasen Tom, aunque sus padres le seguían diciendo Thomas.
La calle donde hay tantas tiendas será larga y estrecha, propias de los centros de las ciudades y por supuesto también acicaladas con lo propio del periodo. Estará llena de gente, con altavoces donde sonaran canciones navideñas. El vaho saldrá de la boca de la gente sin parar. Tendrá olor a manzana de caramelo. Ellos entraran a comprar juguetes en una de las tiendas más caras y más grandes.
La tarde antes al día de Nochebuena, fueron a una tienda de juguetes para que fuese eligiendo lo que Santa Claus le iba a traer. La tienda estaba situada en el centro de la ciudad. La calle donde se encontraba era larga y estrecha, con mucha gente comprando. De vez en cuando olía a manzana de caramelo. Todo estaba preparado para el gran día. Hacía frío y salía vaho de la boca, por eso Tom no dejaba nunca de soplar. Sonaban canciones navideñas. Por fin llegaron a la tineda. Una de las más caras y prestigiosas de la ciudad. Entraron. Le pidió a su mamá un tren de madera bastante caro y ella no consintió en comprarlo, al igual que su padre, le dijo que iban simplemente a hacer la lista de juguetes, no a comprar nada. Fue entonces cuando este se puso a dar chillidos y patadas en mitad de la tienda. Los padres avergonzados salieron de allí despavoridos.
Para que se calmara, le compraron una gran piruleta.
Pasearon un poco para que se le pasase el sofocón. Siguiendo la calle hacia abajo, estaba situado el parque. Tenía un paisaje desolador a la par que alegre, los tristes árboles contrastaran con la alegría y el cantar de los niños. Todo estaba cubierto de nieve. Y olía a castaña asada. Era muy grande. Con columpios y grandes toboganes. Tom comenzó a encontrarse mejor.
Allí había muchos niños jugando con la nieve. Se quedaron un buen rato y Tom estaba muy a gusto jugando con otros chicos. De repente, se quedó parado, como fascinado y la vez triste, entusiasmado, fue al ver a la chiquilla más hermosa del parque. Se trataba de Gisel, una pequeña de su edad, morena, ojos y melena negra recogida en una trenza infinita, con mirada triste, pero parecía feliz a pesar de lo poco que tenía. Era pobre, muy pobre y sucia, con un montón de harapos para evitar el cortante frío de invierno. Muy madura para su edad. No iba al colegio porque tenía que ayudar a su madre. Su madre tenía un puesto de castañas asadas allí y toda la gente los conocían, eran buenas personas, pero Tom nunca se había fijado en ellos. A él no le gustaban las castañas pero ahora tenía una buena razón para comerlas, o tirarlas, que era lo más probable.
Tom se acercó, la miró y ella con su dulce mirada le llegó hondo, muy hondo. Fue entonces cuando realmente se acordó de las historias que su abuela le había contado y le había dicho. Ella siempre le recordaba constantemente que fuera solidario y que le diera al que no tuviera ya que a él le sobra.
Le habló amablemente y ella le contestó con un acento raro. Él se dio cuenta de que no era de ese país, pero no le importó, el era muy tolerante. Ella le contó un poco la historia de su vida, desde que era de la India hasta que vivía en una chabola a las afueras del distrito norte. Le dijo que pasaba muchas penurias y que casi siempre tenía hambre porque su mamá no vendía las suficientes castañas como para alimentar a todos sus hermanos y que su padre era un simple músico que pedía al otro lado del parque, pero que aún así era el mejor violinista de todo el mundo.
La niña quería mucho a su padre, pero él estaba un poco enfermo y no siempre podía ir a tocar, decía que su mamá le había dicho que pronto nos abandonaría para irse con unos ángeles blancos que lo quieren mucho en el cielo y que desde ahí los vería y los cuidaría. Entonces Tom le dijo que no se preocupara, que su abuela lo iba a cuidar allí, él se lo iba a pedir. Ella le sonrió.
Todo quedó ahí.
Cuando Tom llegó a casa, subió corriendo a su cuarto y se echó a llorar. En un momento de valentía se guardó su rabia y juró que ayudaría a esa niña a pasar una mejor navidad.
Fueron pasando las horas, ese día tocó comer una de las comidas preferidas de Tom, sopa de pasta rellena y de segundo filetes de escalope con patatas cocidas. La verdad es que ese día no comió mucho de lo que estuvo pensando. Cuando terminaron, papá se puso a fumar pipa y mamá a leer su libro, la cocinera se despistó, entonces Tom se acercó a la cocina y recogió en pequeños recipientes todo lo que había sobrado. Le dijo al chófer que le llevara al parque a jugar y así fue.
Cuando llegó ya estaban recogiendo el negro puchero donde estaban las castañas asadas, entonces gritó y ella sonrió. Se acercó lentamente con la comida aún caliente. Le entregó la comida y ese día, todos almorzaron en condiciones. La familia no sabía como pagar a ese pequeño todo lo que había hecho por ellos, pero él, como si de un héroe se tratara le dijo que mañana habría más y no sería una comida cualquiera, sino pavo, pavo relleno del día de Nochebuena. Todos estaban emocionados.
A Gisel le dijo que le iba a esperar una pequeña sorpresa más. Era una incógnita y ella se quedó muy intrigada. Se marchó.
Ya era tarde y tenía que darse prisa para ir a recoger al abuelo. Corrieron al aeropuerto y esperaron un vuelo que traía retraso de una hora.
Cuando una de las veces alzó la cabeza, vio a un anciano fuerte, con la mirada brillante, llorosa, la nariz grande y de pelo blanco. De voz cálida pero grave a la vez; gritó su nombre.
Era él, su abuelo, no se lo creía.
Corrió, corrió como un loco. Fuera de sí. Desenfrenado. Sonriente.
Dio un salto y su abuelo lo cogió como hace unos años. Estaba emocionado, muy contento. Solo reía y reía, aunque no sabía por qué. Simplemente, estaba contento.
Cuando llegaron a casa todos estaban muy contentos con la visita del abuelo, estaban pendientes de sus historias y Tom también, pero no se le quitaba Gisel de la cabeza, ni tampoco su familia. Se acercó a la ventana y observó que seguía nevando. De repente, el abuelo le llamó y le dijo que tenía una cosa para darle que le iba a gustar mucho, Tom sonrió, se acercó y se sentó en su pierna, junto a la candela. El abuelo sacó de una caja y de ella salió un tren de madera. Tom no se lo podía creer, era igual que el que había en la tienda. Abrazó a su abuelo y corriendo subió a su cuarto a jugar con él.
Cuando estaba en el suelo, vio la foto de su abuela en la estantería y miró al tren, fue entonces cuando recordó a Santa Juguetina. Detrás de esa foto estaba el conjuro para que le concediera el deseo y debería de ser ya, esta era su oportunidad. Cogió el marco y lo quitó, detrás de la foto había un conjuro para invocarla y este lo dijo tres veces antes de acostarse. Decía así:
Rayos y centellas,
que aparezcan los juguetes en las estrellas,
y que caigan en todas las fronteras,
el día de Navidad.
Nada pasó al instante, se acostó y ya está.
De repente, Juguetina entró por la ventana y le dejó una nota:
Tus deseos se cumplirán,
para ello te has de sacrificar.
de tu tren te debes despedir
porque yo lo dicto así.
Por la mañana Tom no lo podía creer, era verdad esa leyenda. Estaba nervioso, intranquilo. Cuando comieron el pavo y llevó las sobras a Gisel, entregó el tren a uno de sus hermanos aunque con mucha cobardía. Estaba asustado, no sabía lo que iba a pasar. Se dio cuenta de que le daba igual perderlo, había dejado de ser un egoísta.
No podía ni dormir.
¿Qué pasaría?, ¿estaba loco? No sabía nada.
Tenía miedo. Estaba arropado hasta la cabeza.
Ya llegó el día de Navidad.
Cuando Tom se levantó y terminaron por fin de desayunar, el abuelo le preguntó por el tren. Se quedó muy serio y se echó a llorar. El abuelo puso cara de enfado, pues se creyó que lo había perdido, pero de repente le soltó una sonrisa y le dijo que no se preocupara, que solamente estaba un poco molesto porque era una tradición de la familia y que a él se lo dio su abuelo.
Tom realmente había hecho un buen sacrificio y estaba orgulloso, además había cambiado mucho su actitud de antes. Parecía otro niño diferente, incluso sus padres habían notado el gran cambio que había experimentado.
Era media mañana y no tenía ganas ni de jugar sólo quería regalos, no sólo para Gisel sino, para todo el mundo.
Las horas pasaban muy despacio.
Por la tarde fue de nuevo al parque. Vio a Gisel y a su familia pero no les dijo nada.
Ya estaba oscureciendo.
Esta noche se tenían que acostar temprano porque vendría Santas, pero, ¿qué Santas?, él sabía lo que decía y se reía.
La cena transcurrió con normalidad, pero no nevaba.
Los nervios aumentaban.
De repente, cuando se estaba lavando los dientes para ir a la cama, comenzó a nevar. Dio un grito que toda la pasta de dientes salió espurreada y manchó todo el cristal.
Se acostó y cerró los ojos con fuerza, hasta que agotado de todo el día se quedó completamente dormido.
A lo lejos, se veía una pequeña luz.
Comienza el espectáculo.
Era Santa…Santa Juguetina!!!
Sacó su barita e hizo un raro movimiento con su pequeño brazo. Fue entonces cuando miles y miles de estrellas empezaron a iluminarse y a moverse sin ningún sentido, como si estuvieran locas. Quizás, cada estrella tenía asignado a un niño. Todo en el cielo eran destellos.
La noche ya transcurrió y la mañana salió soleada.
Tom se despertó y no quería salir a la calle para no ver si había fracasado.
Por fin, decide ser un valiente. Quiere ir al parque. No abre ni sus regalos. Está preocupado. Sólo piensa en Gisel.
Pocos minutos pasan hasta que llega a esa arboleda.
Gisel está feliz. Tiene en sus manos una muñeca. Tom no da crédito. Lo que su abuela le contó era verdad. Corrió y la abrazó. Jugaron todos felices allí.
Después de un largo día, para cenar puso la televisión y se informó de que todos los niños del mundo habían tenido estas navidades un juguete.
¿Coincidencia o casualidad?
Esa misma noche Juguetina entró en el cuarto de Tom y le dejó su tren junto a su cama. Al fin y al cabo era un niño.
FIN
POESÍA: “La cara, la cruz”
![DSC03390[1][1] DSC03390[1][1]](http://arar.files.wordpress.com/2009/11/dsc03390111.jpg?w=500&h=375)
GUIÓN CORTO: “EL FIN DE NADA”
- HABITACIÓN CÁRCEL. INT/DÍA
Ana se encuentra en una habitación totalmente oscura y vacía, dónde el único foco de luz está frente a ella.
ANA: partir de aquel día, se acabó mi vida.
2.ORILLA DEL RÍO GUADALQUIVIR. EXT/ATARDECER
Se escucha un disparo y se ve como una mano cae abatida con la pistola. Finalmente, el arma cae al suelo.
3.CASA DE ANA Y MANUEL. SALÓN. INT/NOCHE
Ana y Manuel se encuentran cenando felizmente.Ana coge la botella de vino que hay sobre la mesa. ANA¿Más vino? MANUELSi, un poco más. Por cierto, hoy he visto a Juanito “el Mangui” y me ha dado esto para ti. Manuel saca de su bolsillo una bolsita de coca y se la entrega a Ana.Ana sonrie al verla. ANAYa tenemos la noche hecha. Los dos se ríen.Manuel echa un poco en la mesa y empieza a preparar la raya.
4.CASA DE ANA Y MANUEL. DORMITORIO. INT/NOCHE
Ana y Manuel se encuentran en la cama. Manuel está fumando. Ana está abrazada a él, con actitud cariñosa.
5.CASA DE ANA Y MANUEL. DORMITORIO DE LOS NIÑOS. INT/DÍA
Jesús y Fran están jugando a los videojuegos, mientras las niñas están peleando.ESMERALDA¿Otra vez me has cogido mi camiseta favorita? ANA MARÍASí, que pasa. (Con actitud pasiva y chulesca) ESMERALDA¡¡¡Que ya me tienes harta!!! Siempre haces lo que te da la gana con mis cosas. Esmeralda se dirige a Ana María y la coge de los pelos. Ana María coge también a Esmeralda de los pelos y comienzan las dos a gritar.Mientras, Jesús y Fran, gritan mientras juegan a los videojuegos, pasando de la pelea de las niñas.
JESUS:Siempre lo mismo, estoy hasta los cojones de las putas niñas estas.
FRAN:Joder niñas callaros ya de una puta vez. Ana entra en la habitación, con cara de amargada y de drogada. Empieza a gritarle a los niños. ANA:¿Qué coño pasa aquí otra vez? ¿No podeis parar de dar por culo un rato? Tú, venga, fuera de aquí. (dirigiendose a Jesús) Se acerca a Jesús y le da una colleja.Jesús se levanta y le da un empujón, dejándola caer al suelo.
JESÚS:Guarra, no vuelvas a ponerme las manos encima. Ana intenta incorporarse pero no tiene fuerzas. Empieza a llorar. Los niños empiezan a reirse y las niñas siguen gritando y peleándose.
6.CASA DE ANA. COCINA. INT/DÍA
Ana está cocinando. Manuel entra en la cocina y se acerca a ella. La coge por el brazo y le observa un moratón. MANUEL¿Qué te ha pasado ahí? (Le pregunta de manera agresiva) ANALos putos niños… cómo nunca estás en casa, todo me lo llevo yo. (gritando) Ya estoy harta de esta situación: de ti, de la casa, de tus hijos, de todo ¡¡coño!! Cualquier día acabo con todo. MANUELDeja ya de decir gilipolleces.
ANAPara gilipollas tú. Manuel en un ataque de ira le da una bofetada.Ana le responde con otra bofetada.Manuel la agarra y comienza a pegarle e insultarle sin parar. Ana queda abatida en el suelo y él se marcha pegando un portazo.
7.PARQUE. EXT/ATARDECER
Manuel sale del portal y se encuentra en un parque cercano a la casa a Johana, una prostituta, con la cual, lleva un tiempo manteniendo relaciones a espaldas de Ana. Johana está locamente enamorada de él; y él también siente algo por ella. JOHANAAnda que no hace tiempo que no me das una alegría para el cuerpo.
MANUELAlegría la que me acaban de dar a mí.
JOHANA¿Qué te pasa Manuel? Últimamente estás muy raro, muy agresivo… muy nervioso. ¿Es que ya no me quieres?
MANUEL¿Qué no te quiero? Si todo esto es por ti. No puedo más en mi casa, ni con mi mujer ni con mis hijos. Sólo quiero estar contigo y que dejes esta vida. Mira Johana, no esperamos más, esta misma noche acabamos con todo. Los dos se besan. Johana se aleja y él vuelve a entrar en la casa.
8.CASA DE ANA Y MANUEL. DORMITORIO. INT/NOCHE
Manuel está recogiendo sus cosas y sin despedirse de nadie se marcha.
9.CASA DE ANA Y MANUEL. DORMITORIO. INT/DIA
Ana despierta y se da cuenta de que Manuel no ha dormido allí. Se pone nerviosa y empieza a revolver las cosas del armario buscando las cosas de Manuel. Comienza a llorar. Se pone muy nerviosa y le entran fuertes temblores. Se va corriendo para la cocina y coge la bolsita de coca pero está vacía.
10.CASA DE ANA Y MANUEL. SALÓN. INT/DÍA
Ana coge el teléfono, temblando. Llama a Manuel. ANAManuel ¿Dónde estás? (llorando) Necesito la coca y yo sola no puedo conseguirla, no tengo dinero y el Mangui ya no me hace préstamos, dice que hasta que no me pagues no me da más. Te necesito. Recuerda que me prometiste que nunca me ibas a dejar. 10B.
11.BAR. INT/DÍA Manuel está desayunando con Johana. Manuel habla por teléfono con Ana, disimulando para que Johana no se entere.
MANUEL Vale. ¿Dónde?
10C. CASA DE ANA Y MANUEL. SALÓN. INT/DÍA
ANAEn la orilla del río, junto al puente, justo donde nos conocimos. Esta tarde, a las 20.00. Ana cuelga el teléfono y suspira.
11. ORILLA DEL RIO GUADALQUIVIR. EXT/ATARDECER
Ana se encuentra mirando al río, pensativa, de espaldas.Manuel se acerca a ella.
MANUEL¿Ana?
Ella está llorando, se da la vuelta y lleva una pistola. Cuando Manuel la ve, pone cara de asustado y se queda inmóvil. Se escucha un disparo y se ve como una mano cae abatida con la pistola, el arma cae al suelo. Manuel queda abatido en el suelo.
12.HABITACIÓN CÁRCEL. INT/DÍA
ANAEso fue lo que pasó, y volvería a hacerlo 1000 veces, porque mi vida no tiene sentido. Mis hijos no me quieren, mi marido se fue con una puta y yo eso no lo voy a permitir, aunque me cueste estar aquí. La cámara se aleja y se ve a Ana siendo interrogada por un policía.